Un día random, de esos en los que pasan los minutos sin que te des cuenta mientras hablas con una buena amiga.
De esas cosas que casi nadie se atreve a nombrar sin marearse.
M: ... ¿Te sientes fuerte ahora? Siéntete libre, en todo momento... Faltaría, amiga...
T: La verdad es que me siento de todo menos fuerte.
M: Tal vez nadie te lo ha dicho aún, o sí y tu cabecita te lo apartó en algún momento, pero estos años, desde que te conozco, yo he visto a una luchadora abnegada con un corazón inmenso.
Cariño, tú ya sabes en qué tiempos estamos... Yo creo que con recordar esto mismo, ya estás haciendo lo tuyo.
T: Me han dicho tantas cosas y he confundido tanto, que soy lo único verdadero que me queda. O algo así es lo que me viene por momentos.
No sé aún cómo encajar todo lo que se ha movido...
M: Lo cual es absolutamente normal, cariño. Y además lo estás haciendo bien. Mírate, en pie. Después de todo. Sabes, como yo, que del infierno se sale corriendo. ¡No me puedo creer que te asustara el tramo final!
T: Jajajajaja ¡No! Lo que me asusta es la inmensidad de lo que me asustaba antes.
¿Ves el patrón? Jajajajaja la neurosimbiosis esta, que me trae de serie -y de cabeza-, funciona así de normal.
(M. suspira con ternura al otro lado y se ríe)
T: Me parece tan tierno que una criatura tan pequeña tuviese la capacidad de blindar(se) de esa manera, aún sabiendo cuál era el precio...
M: ... Y ahora, ¿te pesa ese precio?
(T. respira hondo. El latido en la garganta siempre es buena señal pero significa "tocamos hondo, menena"...)
T: Sí. Claro que me pesa. Cómo no podría...
M: Pero ¿eres consciente de que fue lo mejor que podía pasar?
Sabes a qué me refiero, ¿no? Entiéndeme, que sé lo sensible que es esto y precisamente por eso te lo digo...
T: Sí, algo así. Pero me parece tan injusto...
Mirarme al espejo después de darme cuenta de lo que había estado pasando, fue una aventura de terror al principio.
M: ¿Culpa?
T: ... Esa puta malvada y falsa...
M: ... No voy a venir yo a llorar a la sacristía, pero...
(T. la interrumpe)
T: Ya... No la llevo a cuestas, eh. La culpa, digo. Los primeros días, cuando me enteré de mis lagunas por primera vez, me enfureció y saqué rabia afuera. Ya sabes, coherencia radical. Me pasé de vueltas. Me sentía frustrada, tonta, perdida. ¿Pero qué broma macabra era ésa? Meses oscilando como un péndulo de la belleza a la tristeza, del amor al miedo.
(M. entusiasmada)
M: ¡Y, de repente, el accidente! Y... El acabáramos.
T: El acabose, amiga, el puto acabose.
M: Yo lo veo así: Trabajazo interior real de años, corazón noble y voluntad intacta.
(Las dos suspiran. M. se ríe de repente)
M: ¡Amiga! Con 11 años más que Jesús... Y volviendo a la vida de una pieza. ¿Lo habías pensado?
T: Pues claro... Ya sabes qué/quién es Jesús para mí. Sigo hablando con él cuando estoy fuerte; no me gusta llevarle pesares, que bastantes tuvo él.
M: A mí me parece que no hay un ápice de casual en esta historia de tu vida.
T: Ya, y eso es lo que me desconcierta por momentos.
M: ¿Por qué? Si es precioso...
T: Coño porque duele.
Porque no sé en qué parte de mi cabeza está toda esa información que protegí con tanta fuerza durante media vida.
M: ¿Y no te parece maravilloso amar así?
T: En lo teórico sí, en lo práctico... La cosa cambia.
M: Y concluyes con...
(Tam chasquea y respira...)
T: Con que daría lo que fuera por poder recordar todo lo que sé y todo lo que intuyo que no recuerdo.
Si me quisieron así de bonito, quiero poder recordar todas las veces que la vi. Por mi y por ella.
M: Lo de esa criatura es duro...
T: ... No sé si soy capaz de imaginarlo sin venirme abajo.
M: Yo sólo sé lo que sé pero debía saber que la querías. De verdad, digo...
(Silencio secundal eterno...)
T: ... Espero... Aunque no la supe entender la última vez que hablamos. No podía comprender.
Al principio, era ella. La mía. Y estaba ahí de vuelta. Y yo, que venía de mucha señal y mucha sincronía, me disparé en modo niñatilla ilusioná con mi toque intenso.
Hasta que... Bueno, ya sabes. El corte.
M: Pero, ¿en algún momento te dijo "soy yo"?
T: No.
M: ¿Entonces cómo sabías que era ella?
T: No lo sabía. Al principio de esos días, recuerdo sentir "esto es muy mío, cómo es posible..."...
Luego, una historia muy muy muy parecida a partes de mi vida, aunque en aquel momento no comprendí aquella historia como la comprendo ahora.
Esas cosas no podía saberlas nadie más.
Créeme, nadie.
M: ¿Y el corte?
(Tam sonríe cansada y un poco triste...)
T: En su momento me pareció lo que fue, una incoherencia absoluta llena de pequeñas contradicciones y una especie de yo sé más de ti que tú...
Me dolió. No me ofendió. Me dolió porque tocó ciertos nodos estructurales míos que me hicieron fruncir el ceño y decir "ah no, yo no amo esto que veo".
Ése, justo ése, fue el punto de inflexión.
M: Pero, a ver, amiga, ¿no hubiese sido menos doloroso haberlo hablado directamente?
T: Ay... Eso pensaba yo... Hasta hace muy poquito.
Confrontar lo que crees con lo que es. Uff. Eso es otro nivel del que nadie sabe hablar.
M: ¿Y para qué tanta historia?, ¿para terminar rompiéndote del todo?
T: ... Justamente.
Ella, como siempre, me dio el último empujón.
A riesgo de todo. ¡Que me lo digan a mí!
M: Yo no entiendo a las bolleras estas que tú dices... Jajajajaja
T: Aquellas conversaciones eran preciosas y me jode tanto no conservarlas... Pero eran preciosas.
Alguna captura conservo en plan "¿Esto está pasando?" Jajajajajajaja
(T. suspira hondo y rápido)
Pero se nos iba de las manos todo al mismo pozo.
Yo seguía sin recordar, sin darme cuenta de lo que había estado pasando. Y tengo la sospecha de que ese último intento suyo fue de esa manera, precisamente, por miedo a que yo me volviese a descolgar. Amén de un golpe mortal. Fue quirúrgico, como todo lo que ella siempre hacía.
Me parece, después de todo, lo más lógico, visto desde su perspectiva. "Ya pasé por aquí, gracias".
M: Pero, ¿tú cómo sabes todo esto?
T: No lo sé. Yo, realmente, no sé nada, ya sabes...
Sé que le doy miedo, o algo así; que probablemente piense que me voy a volver a descolgar y por eso me marcó distancia desde aquel re-contacto; que no piensa en mi la mitad que yo en ella, que recuerda cosas mías que yo no y que no tiene prisa ninguna...
Todo eso sé.
M: Madre de Dios...
(Se abre un silencio inmenso pero compartido, que es más bonito...)
M: Menuda historia, amiga mía...
T: ... Y sólo es el principio del fin... O el fin del principio...
¿Ves? Otra cosa que no sé. Es un poco todo, creo.
M: Bueeeeno... También te digo... ¡Que te quiten lo bailao!
T: Yo no quiero que me quiten más na, amiga mía, y menos lo bailao, no sea que haya por ahí alguna piececilla bonica que algún día pueda volver a visitar...
(M. ríe tierna, y se ilumina un cachito de cielo...)
M: No te voy a taladrar con lo de siempre, que esto es de otro calibre... Pero, permíteme el atrevimiento, sea con quien sea, amiga mía, te mereces la vida; ésa que soñabas con ella, pero aún mejor. Sin fantasmas, sin descuelgues ni falta de cobertura... Has conseguido esto tan inmenso, has roto la armadura que tú misma te pusiste.
¿Alcanzas a contemplar la fuerza y la resiliencia que hay ahí?
T: Sí. Pero me pasa como con el piano... Es como "normal".
(M. hace un sonido gutural indescriptible)
M: Eso de los baremos que tú tienes seguro que es parte de esa bondad que eres tú enterita, hija, porque yo no he visto una cosa igual...
(T. la interrumpe)
T: A ver... Jajajajaja lo que me parece "normal" es que haya sido yo quien lo haya desintegrado... Sólo yo tenía el mapa. Tatuado, además, a lo Michael Scofield... Es que tiene guasa el asunto... ¡Encima!
M: ... ¿Scofield? ¿Ése es de los "buenos"?
T: Jajajajajaja
(M. se refiere a los conflictos globales...)
T: Es de los buenos, sí, es de los buenos.
Es el prota de Prison Break, una serie de una época ciertamente especial.
M: Ay, amiga, que estoy efusiva con la 3D jajajajaja discúlpame!
Pero, ese señor, el bueno, ¿acaba bien?
(Se hace el silencio...)
T: ... No.
(Ríen las dos)
M: Pues no nos vale. Si no es feliz, no es final. ¿No lo dices tú siempre?
🎧 Spirit and decline - Gem Club
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