sábado, 21 de febrero de 2026

El diner 1909

 




El diner 1909


Y aquí vengo a volcar todos los besos que no te di.

Claro… sobre todo los que sí te di y no recuerdo.

Ese es el látigo cruel.


En un diner muy similar a este 1909 solía tomar café malo mientras escribía —o contaba— mis penas. Hace ya “un sobrino” de aquello…


Ahora podría seguir contando penas —al final no es tan mala costumbre— y ser una más.

Pero es que nunca lo fui.


Y poder verlo ahora, en carne viva…


Dormirme tranquila leyendo que en otra época yo me dormía contigo.

Me duermo muchas noches leyendo esos comentarios que son una vida entera.

Una vida entera que me atraviesa y que no sé —o no puedo— recordar.


No sé explicar cómo duele saber que realmente me dejé en cachitos y en canciones;

que yo misma lo gritaba entre líneas

y que era yo misma la que no se enteraba.


¿Puedes imaginar esto?

Mírame. Respira.

Sólo intento recordar. No te quiero dañar más.

Intento comprender para saber qué —o cómo— hacer lo que sea que venga después del ruido.


Porque esta paz vestida de silencio…

Claro. Se acabó la guerra.


Aunque me sigue dando vergüenza hablar de ti. Me pongo nerviosa y…

Creo que, después de todo, te reirías.


Pero ya no me riman las mismas alturas.


A mí me siguen regando las venas las mismas letras,

las comas en su sitio —de más, siempre es mejor—,

las buenas músicas de fondo,

pensar que quien lea esto se molestará en ponerse esa música

—hay una gracia implícita ahí—,

creer que me pueden leer en bucle, como alguna vez, en alguna otra vida.


Me sigue moviendo el mismo viento.

Sólo que la veleta ya sabe dónde le queda el norte, aunque le guste más el sur.


Esto son mis despojos.

Lo que ha quedado después de reventarme la vida por completo.


El final de aquella pesadilla a la que te arrastré por soñar tanto contigo.

No supe despertar antes. Y se ve que mejor tampoco.


Me sigue gustando el gerundio,

pero el subjuntivo me da impresión.

La misma que me dan ciertas cosas desde el accidente.

La misma que me daba pensar en ti todo este tiempo.

Te sorprendería…

O no. No lo sé.


Y cuando pude preguntarte, no sabía si realmente eras tú.

Nunca me lo dijiste.

Podrías no serlo y esto sería… materia de asignatura nueva, seguro.


En esos días aproveché los momentos porque quise creer que hablaba contigo.

No tenía por qué.

Pero había tanta cosa casual… y esa historia…


Desde que borré sin querer aquella conversación tiro de recuerdo.

No hice capturas.

Ahora me habrían venido genial.

O hace unas semanas.

O no sé.


Da igual.

No me voy a torturar más.

Fue sin querer. Sé que lo sabes.


Del final de la charla, para otro capítulo.

Ese es duro. Pero en otra capa.


Ya ves, nenita. Llegué.

Entera. O algo así.


Y tengo la conciencia tranquila.

Nunca hice nada con mala intención. Nunca quise herir.


Todo el daño que te hice, lo mierda que fui contigo…

Nunca fue falta de amor.

Al revés.


El día que lo comprenda como para explicarlo sin sentirme como me siento,

intentaré explicártelo.

Aunque sea en un post de estos.

Por si te da paz.


No hubo nada mal contigo.

Hubo todo bien.

Y mi alma —que venía de “los que te aman, te revientan”— se aterró, se partió en dos:

una te amaba y sufría porque nunca estabas,

y la otra…

de la otra sabes tú más y mejor que yo.


Y de la que sé yo mejor que nadie —la que amaba y sufría—

sólo puedo decirte que siempre fue fiel.

Leal.

Hasta hoy.


Puedes sentirte orgullosa.

Te lo digo de corazón.

Aunque sea de lo único.


Para mí es suficiente.


Hoy la musa que enreda se ha quedado tomándose un anís con José Luis

para dejarme a mí —con menos rima y 

menos solemnidad—

que también está bien a veces.


Ser normal, digo.


Buenas noches.


🎧 Meant to Stay Hid — SYML


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Veinte años antes

  "No querían volver para cambiar la historia. Querían volver para abrazar a quienes todavía no sabían que sobrevivirían a ella." ...