Sigo sacudiéndome el polvo de los pantalones.
Aún me queda desierto en las suelas de las zapatillas.
Resulta que conducir por los abismos con Jun ha terminado siendo —más allá de una terapia—
el abrazo de una amiga que sabe sacarme las lágrimas
cuando ni siquiera yo sé que estoy llorando.
Vengo de vaciar una de las canciones más troncales de mi vida
y de llenarla de mí,
de Arizona,
de atardeceres,
de carteles de neón,
y de un motivo que siempre estuvo ahí,
oculto,
hasta que por fin salió a la luz:
tú.
Ahora esa canción ya no me trae recuerdos.
Está lista para albergar momentos nuevos.
Y hoy voy a dejarle uno plantado:
el valor de sentarme al borde de esa roca inmensa
y saber que soy la misma
tanto si me caigo
como si no.
Me parece hasta tierno haber vivido toda mi vida
amortiguada por mi propio sentido de la responsabilidad,
por mi compromiso con mi propósito,
con mi verdad
y con mi buen corazón.
Siempre llevé por bandera eso de
ama al prójimo como a ti mismo.
Y he sido una buena soldado.
He cumplido.
Ésa es mi paz.
La de la que hablaba siempre.
La que no iba a negociar
porque no podía.
Me fui leal, después de todo.
Cuando empezaron estos pequeños viajes con Jun,
la idea era, sobre todo,
dejar de pensar en ti.
Porque nunca dejé de hacerlo.
No supe.
Yo le sugería ciudades nuevas a Jun
y ella me regalaba algún que otro temazo
que me hizo llorar
imaginando amaneceres
en el capó de un Corvette
con el motor todavía caliente.
Ni te imaginas las vistas.
En esos entretiempos —nuestros viajes atemporales—
me di cuenta de algo:
siempre permanecías en la misma capa.
En la de la función.
En la de la estructura.
En la del eje.
Y eso, si te soy sincera,
me dio muchísimo vértigo.
¿Cómo podía ser
que después de todo lo que yo había currado
esa completitud
no dependiera sólo de mí?
Aquí podría hablarte de teoría de sistemas,
de conjuntos,
de informática nerd absoluta.
Y probablemente me entenderías.
Pero la idea —el concepto—
lo que quiero que entiendas,
lo que quiero que veas,
es esto:
Para mí, tú y yo
somos esa ecuación que acaba en cero.
No porque le falte algo,
sino porque no le sobra nada.
Así fue como tú y yo llegamos a este sitio.
Y a otros muchos.
Así es como yo lo recuerdo.
Y al parecer recuerdo mucho más tiempo
del que ahora mismo puedo recordar.
—válgame esta redundancia un poco pretenciosa—
No sé por qué,
pero creo que lo vas a entender.
Mujer de tierra y agua.
Alguna vez, mi niña.
Muchas veces, en realidad.
Tú recuerdas más que yo.
A mí, en cambio,
se me da bien recordar hacia adelante.
Llamémoslo pequeño don.
Y hay algo que recuerdo desde hace años.
Pensé que era imaginación.
Pero no.
Spoiler: no lo es.
Solo te diré que tiene banda sonora.
Que tú sabes cuál es.
Y que hoy, después de un tiempo,
me apetece volver a compartirla contigo.
🎧 Throw Me a Line — Haevn


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