lunes, 2 de marzo de 2026

Si menor

 Esta vez no he necesitado desempolvar ningún cuaderno antiguo, porque no sé de qué manera extraña han aparecido hojas limpias, en blanco, en mis manos; y al principio me dio cierto miedo porque no supe qué hacer exactamente con tantísima hoja. Todas en blanco, absolutamente todas. 

Queriendo, esperando... 

Y yo les pido disculpas porque ya no tengo el mismo grado de locura con el que bailababa de madrugada. Tampoco la misma rabia.

Tampoco la necesidad. 

Simplemente navego porque me gusta; porque me gusta sentir las olas del mal golpear en el único casco que existe en mi vida, que es el del barco: mi pequeño barquito navegando en el mar, tranquilo, con una vela preciosa de color blanco: de haber firmado la paz.

No me da miedo esa profundidad. Ahora que hay luz, veo la maravilla que se extiende también por debajo.

Siempre da un poco de miedo lo subterráneo porque normalmente está oscuro... Pero hace sol. Todo se ve.

Es una maravilla absoluta poder contemplar que lo que antes era un inmensidad de pánico ahora es un océano infinito de hojas en blanco por rellenar. No te voy a negar que tengo miedo, claro, todo el del mundo.

 Ahora lo sé.

Antes también lo tenía pero no lo sabía. 

Porque aprendí a custodiar cada uno de esos libretos, cada una de esas lámparas que alumbraban mis noches en vela; porque aprendí a guardar con fuerza todo aquello que siempre quise y que nunca tuve porque me perdí yo entre tanto querer. 

Querer sin saber cómo se te ha querido querer sin saber, cómo se quiere sin dañar... 

Yo no sabía cómo se hacía eso.

Y eso ahora duele.

Duele.

 Pero si duele es porque hay vida si hay vida hay esperanza y si hay esperanza es porque hay una luz inmensa en alguna parte -a lo mejor ya no tan recóndita- de mi corazón que sigue eligiendo brillar, aún con miedo, aún sin saber qué va a pasar ni de qué manera.

 Y por momentos me entretengo soñando lo que siempre quise soñar pero nunca me atreví por si se cumplía.

Ahora me entretengo y sueño

Ahora me entretengo y veo.

Ahora me emociono cuando me dicen estás más bonita aún que cuando me enamoré de ti.

Me recuerdo bonita por aquellos entonces.

Y me emociono porque hace mucho tiempo que mis rimas me contaban otros cuentos.

 Es verdad que tengo un corazón grande noble y que, tal vez, más que inmaduro haya sido ingenuo. Tal vez a lo mejor simplemente no podía ver más allá de esa fortaleza en la que esa niña que fui y que sigo siendo -aunque ya sin mi castillo- construyó su torre.

Y ese corazón estaba ahí sin saberlo.

 Por eso sufría y escribía versos y poemas siempre en do sostenido menor y fa bemol mayor... Y si menor. 

Es uno de los acordes más tristes y más bonitos que hay: el si menor. 

Es el limón de las armonías, y, por supuesto, hay a quien le gusta solo. 

Al final, al menos de este discurrir inaudito hoy, esa niña de siempre sigue teniendo el corazón igual de grande. 

O tal vez un poquito más. 

Que ya no hay jaula que lo atrape.




🎧 Love and Hate - Michael Kiwanuka


#LoveMe #HateMe


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Que sí.

 Qué piensas si te digo,  si te cuento que para mi, de los instantes que me encuentro, todos riman en tiempos que a veces nadie más  mide co...