viernes, 15 de mayo de 2026

Recuerdo...

 Me parte el pecho sentir cuánto me faltas.

Recuerdo tus manos como si las hubiera tocado ayer.

Y tus ojos... Tus ojos.

Siempre grandes para ver.

Para ver más de lo que yo jamás pude permitirme.

Tú siempre me viste; ésa es la verdad.

Recuerdo el peso de tus brazos rodeándome el cuello.

Recuerdo cómo se sentían mis manos en tu cintura.

Recuerdo dormirme escuchando tu voz...

Recuerdo tu risa. Y tu olor.

Recuerdo ver salir el sol entre cortinas y tu cabeza en mi corazón.

Recuerdo tu mano agarrando la mía.

Aquel abrazo.

Aquel adiós.

Y las piezas que guardé bajo llave

siempre estuvieron a salvo.

Son de las dos.

Recuerdo una sonrisa de vuelta y un "por qué ahora" que me sentenció; y yo sólo quería que estuvieras.

Yo sólo quería que supieras que seguías latiendo.

Que ni el tiempo ni el dolor habían podido contigo.

Recuerdo silencio.

Recuerdo el shock.

Y más silencio.

Y yo, sin saber lo que pasaba, sentía terror.

Pero callé.

Era la costumbre.

La costumbre de decir adiós antes de que me rompiesen con la puerta.

Hasta que esa puerta me rompió.

Y recuerdo aquellas líneas.

Hojas que cayeron en otoño para que yo siguiese buscando calabazas con las que decorar mi desatino.

Siete meses de locura y rendición.

El tramo final de una maratón de vida.

Y amaneciendo en tránsito, sin tus besos, sin tu olor... Sin pajarillos que nos despierten cada mañana... 

Sin tu cuerpo tras de mi, agarrándome para que no me vuelva a ir...

Sin tus labios.

Sin tus risas.

Sin haber cumplido mi promesa.

Sin habitación con chismes y sin piano que acompase tanto amor...

Sin esa coordenada exacta en la que mi cuerpo se encuentra con el tuyo y se acaba el horror.

Si supieras cómo me aprieta la garganta deseando encontrar tu voz...

Si supieras cómo se me mueve el alma...

Si supieras...

Que crucé y me encontré.

Y lo que quiero que pase después, que te lo cuenten mis ojos.




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