jueves, 23 de julio de 2026

La gente

 

Capítulo 1: La gente

No se sabe el año. Ni falta que hace.

Un banco. Un árbol. Un parque cualquiera.

Holden está sentado con la misma cara de pocos amigos con la que parece haber nacido. Tam llega con un café en una mano y una bolsita de pipas en la otra.

Tam: ¿Quieres?

Holden: No.

Tam: Ni siquiera sabes lo que es.

Holden: Da igual. Si lo ofrece alguien con esa cara de buena persona, seguro que tiene trampa.

Tam: Son pipas.

Holden: Ah. Entonces sí hay trampa.

(Tam se sienta.)

Tam: Hoy estás simpático.

Holden: Hoy respiras muy fuerte.

Tam: Es una costumbre que tengo desde pequeña.

Holden: La gente es agotadora.

Tam: Bastante.

Holden: No, bastante no. Muchísimo. Todo el mundo quiere caer bien. Todo el mundo quiere parecer interesante. Todo el mundo quiere dar una imagen. Todo el mundo está actuando.

Tam: Todo el mundo no.

Holden: Ahí está. La optimista.

Tam: No soy optimista.

Holden: Ya... ¿Y qué eres?

Tam: Granadina.

(Holden la mira unos segundos.)

Holden: Eso explica muchas cosas.

Tam: ¿El qué exactamente?

Holden: Esa manera de mandar a la mierda con educación.

Tam: Es un arte.

Holden: Lo sospechaba.

(Silencio.)

Holden: Tú sigues creyendo en la gente.

Tam: Sí.

Holden: No aprendes.

Tam: Aprendí.

Holden: Pues no se nota.

Tam: Antes creía que todo el mundo era bueno. Ahora creo que hay gente buena. Es bastante diferente.

(Holden se queda callado.)

Holden: Qué rabia me das.

Tam: Gracias.

Holden: No era un cumplido.

Tam: Ya... pero te ha salido bonito.

(Holden resopla.)

Holden: ¿Sabes cuál es vuestro problema?

Tam: ¿El de quiénes?

Holden: El de la gente que intenta comprender. Que siempre encontráis una explicación para el imbécil de turno.

Tam: Claro.

Holden: ¡¿Claro?!

Tam: Comprender no borra lo que ha hecho. Sólo explica cómo ha llegado hasta ahí.

Holden: Pues yo prefiero llamarlo imbécil y seguir con mi vida.

Tam: También ahorras tiempo.

Holden: ¿Ves? Por eso no puedo discutir contigo. No defiendes al imbécil... pero tampoco me compras el discurso. ¿Qué demonios haces?

Tam: Pensar.

Holden: Mala costumbre.

(Una niña pasa corriendo detrás de unas palomas.)

Holden: Mira. Dentro de veinte años también fingirá que todo va bien.

Tam: O no.

Holden: Eres desesperante.

Tam: Tú también.

Holden: No. Yo tengo motivos.

Tam: Yo también.

(Silencio.)

Holden: ¿Y por qué no eres una cínica?

Tam: Porque ya lo eres tú. Uno de los dos tiene que hacer el trabajo.

(Holden intenta no reírse. Fracasa.)

Holden: Qué señora más pesada...

Tam: Gracias.

Holden: Tampoco era un cumplido.

Tam: Ya... pero otra vez te ha salido bonito.

(Los dos se levantan del banco.)

Tam: Oye.

Holden: ¿Qué?

Tam: Vente un día a Granada.

Holden: ¿Para qué?

Tam: Para que te haga una tortilla de calabacín y te dé un paseo por el campo.

(Holden la mira con absoluta seriedad.)

Holden: Tú no quieres curarme.

Tam: No.

Holden: ¿Entonces?

Tam: Ver si aflojas un poco, coño.

(Holden se queda pensándolo unos segundos.)

Holden: ...

La tortilla me la pensaría.

El campo... ya veremos.

Tam: Mira, ya hemos avanzado algo.

Holden: No te emociones.

Sigo creyendo que la humanidad está fatal.

Tam: Ya.

Pero con el estómago lleno se soporta bastante mejor.

(Holden baja la cabeza para que no se le note la sonrisa.)

Holden: Qué señora más peligrosa...

Tam: Lo sé.

Holden: La próxima vez traes dos cafés.

Tam: Sabía que ibas a caer antes por el café que por la esperanza.


(Se alejan caminando. Holden sigue convencido de que tiene razón. Tam sigue convencida de que acabará comiéndose la tortilla. Los dos sospechan que volverán al mismo banco.)

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