No venía yo buscando senderos...
Tanta luz sostenida en aquel tejado que me albergó temores y esperanzas, acabó por cegarme.
No venía yo versando tiempos; hoy las nubes no me dejaron ver el sol... Mi sol...
De tanto girar, de tanta espiral nacieron árboles con sombra, para bien y para mal, si es que eso fuera posible.
¿Alcanzas a atisbar, tan sólo, un momento de luz entre tanta oscuridad?
Ahora ya no puedo escapar. Ahora sólo queda llorar y pagar ese peaje del sobrevivir a costa de mí.
Se siente tan hondo...
Tan sola...
Hoy las nubes me volvieron a recordar que soy quien fui; completa.
La niña que no lloraba para que nadie se preocupara.
La adolescente que creció sosteniendo un enorme pilar con el que nunca pudo del todo.
La adulta joven que terminó por colapsar y ya no dejó de hacerlo para que todo siguiera normal.
Y ahora, la vida. La muerte. La locura de jugar en esa cuerda insolente, me trajo hasta este verso sin rima decente, que no pretende agradar, ni gustar ni tan siquiera estar.
Recurro a mis líneas que, a falta de teclas, también saben flotar, para que yo no me hunda después de tanto luchar.
El peaje.
El precio de derivar(se) por no poder sufrir más.
Y si realmente existe ese equilibrio y los corazones nobles van al cielo a volar,
¿qué hago yo aquí?
¿Otro infierno más?
"Pero éste que duela de verdad".
Hoy las nubes no dejaron que hubiese más luz que la que, por momentos, me daba en las pupilas de refilón para recordarme no se sabe bien qué.
Hoy no he visto mis ojos brillar si no los bañaba un mar de lágrimas.
Una pesadilla de la que no parezco despertar.
"¡Sube la vibra, Tam!"
Y yo respiro, cansada, y pienso:
"¿Qué crees que significa, pues, que siga viva?
¿Que de alguna manera algo en mí siga queriendo estar?"
Turning page - Sleeping at last
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