martes, 28 de abril de 2026

El cero del final

 La gente habla y habla mucho porque es gratis. 

Se permiten la osadía de creer saber cosas que no han olido ni de lejos...

La mayoría de la gente -siento ser yo quien te lo diga- está vacía.

Porque han basado su vida en expectativas propias y ajenas.

-La espera, adelanto, no es una buena compañía.-

En metas a las que llegar sin saber realmente la cantidad de caminos diferentes por los que se puede transitar sin romperse de mientras. 

Y se rompen porque no son coherentes. 

Porque vuelan cortos atados a sus miedos y a su falta de honestidad.

Nadie puede tirar una sola piedra sin salpicar.


A todos esos que nos rompimos, a todos esos que comimos fango y bebimos agua del pozo más profundo que existe nos mueven otros hilos. 


Ni quiero ni pretendo ser el ejemplo de nada ni de nadie. 

Yo no he venido aquí a demostrar absolutamente nada. 

Tal vez se me ha malinterpretado por el camino... Es lo que tiene el no saber realmente quién soy.


Aquellos que me orbitan en silencio, que observan cómo me he ido consumiendo y destruyendo con el tiempo de la mano...

Y que, ahora, ya no quepo en los mismos aros en los que me pasé toda su vida haciendo malabares para que quedaran eximidos de culpa...

A todos esos sólo les guardo compasión.

Que ya es más de lo que jamás me dieron ellos.


He visto cuántos aludes crecían y caían sin remedio, arrasando todo cuanto encontraban a su paso.

Yo... Los observo y sólo deseo que no causen más mal. Que lo que yo me llevé en el alma, ardío rápido cuando se prendió el incendio, aunque yo tardara en verlo.

Ahora no necesito comprender por qué o para qué hicieron conmigo tantísimo desastre.

Eso no es mío y se queda fuera de mi ecuación.

Cualquiera de las que llevo tatuadas me vale.

Y claro que creo en el amor. Pero en el real.

Por eso llevo a Dirac en el antebrazo derecho.

No la he conocido aún pero sé que anda por ahí, seguramente ajena a mi existencia. Y casi que mejor, de momento.

Ella llegará cuando ese cero del final sea justo y exacto.

Y yo estaré entera, con ganas y preparada para sostener, esta vez de verdad.

Porque yo siempre sostuve, yo sí fui real.

Y eso... Eso es un seguro de vida que nadie está dispuesto a pagar y yo acabé las letras muy joven. 

Ahora me ocupa esta verdad de caminar las últimas brasas descalza.

Y algún día, entre risas y besos, le contaré que crucé el infierno; que llegué a su piel siendo verdad.

Que todo lo que siento siempre es real y que no hay nada más seguro que alguien que supo atravesar senderos oscuros sin perderse y sin romper nada más que ilusiones malditas.

Qué hay más grande que compartirse después de algo así...

Eso no es para cualquiera.

Y sí, claro, ha cambiado todo por dentro, por delante y por detrás.

Mis flancos siempre fueron sólidos.

Y ahora... Desde este pequeño rincón nuevo, aún sin más ganas que las de terminar, tengo claro a dónde quiero ir a parar.

Y eso... Eso es otra gran victoria.

Estoy cerca.

Seguiré ondeando la misma bandera mientras nos preparan algo fresquito para poder hablar todo lo que tanto tiempo tuve que callar para que otros no se rompieran.

Ahora te espero a ti. 

Quién serás, no lo sé... Pero te prometo mucha paz y toda la felicidad que seas capaz de tolerar. 

Te prometo lo que sólo me prometí a mí hace años: que llegaríamos adonde y desde donde mismo.

De frente, que nos veamos temblar.

Pero esta vez de verdad.

Y, como dice una amiga especial, "no llego tarde, llego entera y de verdad" y eso no se le entrega a cualquiera.

Algún día leerás todo esto y no necesitarás que te explique nada.

Y eso... Eso me da mucha paz.

Lo demás, puro accesorio.

Tú vendrás como el viento de primavera... De poniente y sin dobleces.

Ya sé que no será de otra manera.

Ya no.

Por fin.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

Que sí.

 Qué piensas si te digo,  si te cuento que para mi, de los instantes que me encuentro, todos riman en tiempos que a veces nadie más  mide co...