Esta noche me permito soñar.
Aún con mi desgaste y tal vez
un tanto parca en ganas aún...
Pero me permito soñar.
Mis manos, siempre cálidas, me recuerdan
al tocar, que hay algo más allá del derrumbe.
Mis ojos, contemplar algo más allá
del velo de las lágrimas que me bañan en sal
para que no se me olvide el océano.
Mis piernas, fuertes y cansadas, no olvidaron caminar y ya se conocen algún sendero nuevo.
Mi mente me deja en paz más tiempo del que recuerdo.
Mi corazón... Esa bestia inmortal que no deja de latir...
Mi corazón hoy ha querido registrar algo parecido a sentir bonito.
Cuánto extrañaba ese pulsar en el pecho sin que pinchara intermitente y sin piedad.
Mi alma se abruma por momentos.
"Y esto sólo acaba de empezar", le digo entre susurros y respiraciones con ritmos paralelos.
Mi alma comprende cosas que yo aún no consigo atisbar pero la dejo al mando.
Ella sabe.
Hoy, mis sonrisas se caían solas tan sólo por estar.
Hoy... Hoy siento amar.
No sé bien a qué, a quién ni por qué.
Pero hoy ese timón que antes me desviaba esquivando tormentas, no ha temblado.
Sé que me tocará atravesar algún arrecife precioso pero cabrón. Y también sé que, precisamente por admirarlo, el temporal dejará mi "Majesty" varado en alguna calita recóndita en la que dejarme descansar de tan largo viaje.
No tengo miedo.
Sólo quiero avanzar y llegar a ese mar inmenso que, una vez, se llevó mi mirada a naufragar.
Quiero descansar allí y terminar mis días y mis horas escuchando en la orilla
las olas que antes me rompían.
Quiero que me vuelvan a bañar.
Que me devuelvan en salitre y sal
todos mis tesoros.
La pesadilla llega a su fin.
Y yo... Yo estoy viva para verlo.
Siempre lo dije: si no hay final feliz, es que no es el final.
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