domingo, 24 de mayo de 2026

De pie

 Lo primero que oí fue una risa limpia;

de las que te vibran el pecho.

Una risa de las que curan, de repente 

y sin más locura que la de haber entendido 

un chiste malo.

Lo segundo que escuché fueron ocho pasos exactos.

Una distancia más que prudente.

Unos metros caprichosos que juraban

lealtad a la miopía de todo lo que

nos nubla y casi que imaginamos.

Lo tercero que toqué fue mi piano;

el escudero de mi vida, siempre fiel 

a mis delirios y a mis manías.

Siempre del corazón a los ojos cerrados.

Ésas son mis partituras. 

Desfase de años y caminar.

Pero preciso en el pulso.

Impecable. Majestuoso.

Lo cuarto, un camino nuevo

que me había ido conquistando

sin que yo pudiera hacer más 

que andarlo.

Sin contar.

Sin mirar más allá de donde mis pies miraban al sur; en ese grado que siempre

me llevaba a mí, antes que al nueve.

Lo quinto es que aprendí.

Aprendí a vivir

sin más querer que la vida misma.

Porque sólo cuando me perdí 

pude recoger cada pedazo

y pulir los restos de estaño

que no dejaban pasar la luz.

Mi luz.

Y puedo decir, aun con dolor, aun con amor,

que siempre lo supe.

Que lo que se fue y no vino, es tan sólo otro camino.

Es que yo ya voy conmigo.

Que lo que tuve, bien retuve

Y ya no quiero seguir corriendo, 

que se me ha pasao volando 

y mi camino es de paseo, de andar tranquila

viendo chopos y olivos, escuchado pajarillos y el cogote al sol.

Mi camino, que ya es mío.

Con el corazón afinao 

que no me tiemblen los tobillos.

Voy.

Voy de pie.





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