No sé si alguna vez pude permitirme este nivel de vulnerabilidad...
Pero el corazón no me deja más opción que rogarte un abrazo.
Que me permitas descansar ahí, tal vez, el resto de mi vida.
Que pueda cerrar los ojos sin miedo al despertar.
Tantas noches en tantas curvas y siempre en la misma carretera, estampándome en las mismas esquinas de siempre, abriéndome las mismas brechas en la cabeza, reventando siempre el centro del corazón para no sentir el terror que siento ahora.
Deja que me duerma viendo en tus ojos la paz que siempre anduve buscando.
Tal vez después de eso ya no necesite despertar
más.
Ésa es mi redención.
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