lunes, 4 de mayo de 2026

La misma que rezó

 Y que mis versos sigan pintando el inicio de nuevos senderos,

adonde quiera que me lleven;

porque ya me conozco los desvíos de los infiernos

y ahora, como las polillas, sólo voy a la luz.

Y mis alas comprendieron que debían reposar

y recuperarse de tanto quiebro y tanta estocada.

Que después de todo en mis tiempos

siempre vibró la misma nota.

Que incluso habiendo mudado la piel

en mis ojos se sigue reflejando la misma luz.

Y que aunque ahora mis manos no tengan la fuerza suficiente

de acariciar esas teclas con la sutileza que siempre me vistió,

pronto esas notas volverán a insistir

en salir a dar paseos y ver la luz del sol.

Soy la misma que siempre escribió;

la misma que cantaba a media voz

y se escuchaba al otro lado del charco.

La misma que comprendió

que al final era el amor

quien me habitaba el alma.

Que por eso tal vez nunca huyó del todo.

Que ni el parón pudo borrarme las caricias.

Que el terror me arrebató instantes, momentos

y algún que otro perdón.

Que la vida me pasó por encima

y aunque aún duela,

yo no quiero más alturas.

Que salí del torreón para vivirme entera.

Que ya no muero de dolor.

Que sólo quiero incisos de premura

que me sigan llevando con Dios

a esa cima que los hombres pintan de lejos.

Soy la misma que rezó.

Pero dejé atrás esa espada

para no volver a ver el brillo

de lo que no pasó.

Dame aire, alma mía,

que la tierra ya la pongo yo.

Dame fuego, dame vida,

que el agua que me corre por el cuerpo ya cumplió.

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