Aquella tarde random, viendo caer el sol, con mi chico favorito, aquí conocido como Hermes...
Disfrutando de cuando una ya sabe y el otro va jugando a la rayuela...
Tam: Sé bien lo que merezco. Y no es lo que he tenido hasta ahora.
Hermes: ¿Qué has tenido?
Tam: Mucho amor. Muy poca tranquilidad.
Hermes: Eso duele decirlo.
Tam: Más duele vivirlo.
Hermes: ¿Todavía la quieres?
Tam: Claro que sí.
Hermes: Entonces, ¿qué ha cambiado?
Tam: Yo.
Hermes: Tú. Explícate.
Tam: Antes pensaba que amar era suficiente. Ya no.
Hermes: ¿Y qué más hace falta?
Tam: Poder hablar.
Hermes: ¿Sólo eso?
Tam: "Sólo eso"... Dime tú si es poco.
Hermes: Cierto. No lo es.
Tam: Yo puedo entender el miedo. Puedo entender un bloqueo. Puedo entender una metedura de pata. Lo que ya no puedo sostener es el silencio como forma de vínculo.
Hermes: ¿Y si ese silencio nace del sufrimiento?
Tam: Lo sentiré en el alma. Seguirá haciéndome daño.
Hermes: O sea... Puedes comprenderlo sin que deje de dolerte.
Tam: Exactamente.
Hermes: Durante mucho tiempo intentaste entenderla para dejar de sufrir.
Tam: Sí. Y era mucho peor. Pesadilla constante que me tenía desorbitada. No puedo no comprender. Es una pequeña tara...
Hermes: ¿Una?, ¿pequeña? Jajajaja Y, entonces, ¿ahora?
Tam: Ahora quiero entenderla... Aunque el dolor no desaparezca.
Hermes: Esto ya es distinto eh...
Tam: Lo es. Créeme que lo es.
Hermes: ... ¿Sabes qué creo?
Tam: ... Cualquier cosa que se pueda notificar...
(Hermes aprieta la boca y aclama algo inenteligible a los dioses...)
Hermes: Que llevas años preguntándote por qué una persona que te quería guardó silencio aun sabiendo que aquello te dañaba..
Tam: Sí.
Hermes: Pero hay otra pregunta que has empezado a hacerte hace muy poco.
Tam: ¿Cuál?... Porque...
(Carcajadas bilaterales con manos en la cara)
Hermes: "¿Por qué iba yo a conformarme con una forma de querer que me rompe por dentro?"
(Se medio burla. Ambos ríen. Silencio.)
Tam: ...
Hermes: No me respondas todavía.
Tam: Es que ya tengo la respuesta.
Hermes: Lo sé.
Tam: Porque durante muchos años creí que el amor justificaba cualquier precio.
Hermes: ¿Y ahora?
Tam: Ahora sé que no.
Hermes: ¿Has dejado de quererla?
Tam: No.
Hermes: ¿Entonces?
Tam: He dejado de negociar conmigo.
Hermes: ¿Y si un día aparece?
Tam: Que aparezca.
Hermes: ¿Y si un día habla?
Tam: La escucharé.
Hermes: ¿Y si un día llora?
Tam: Me dolerá. Siempre me duele.
Hermes: ¿Y si un día te explica todo?
Tam: Quién sabe.
Hermes: ¿Y eso bastará?
(Tam baja la mirada.)
Tam: No.
Hermes: ¿Por qué?
Tam: Porque una explicación no cambia la forma en la que necesitamos relacionarnos.
Hermes: Ahí quería yo verte.
Tam: Yo ya no necesito una historia perfecta.
Necesito una relación donde el silencio no sea el idioma cuando más falta hace hablar.
Y si eso no puede ser...
La seguiré queriendo.
Pero ya no volveré a dejarme sola para acompañar a nadie.
He aprendido, amigo mío.
Hermes: Los oasis, ¡que son mu traicioneros!
(Se escuchan dos tazas chocar, a un gnomo ensayando gallego, a un perro roncar y risas de fondo.)
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