¿La verdad?
No me habría dado para tanto la imaginación...
Mis salidas casi siempre me dejaban rasguños y apenas las recuerdo porque salía volando.
Apenas tenía referencias y aquella Rosa de los vientos resultó no ser mía.
La mía siempre quiso el momento; siempre me tiraba de la camiseta en dirección del viento.
Y la otra, la que me dieron por galón, me llenaba el estómago sólo por seguir en pie.
Así aprendió. Así aprendí.
Y no es tanto eso de "desaprender" como de abrazar... Desgasta menos, tardas menos y acabas sonriendo.
Esa cosa rara mía de ver belleza donde la gente ve nada... Ésa es mi Rosa de los vientos.
Ésa es toda la luz que he necesitado toda mi vida para no perderme del todo.
Ésa es la canción que me atraviesa, ese olor que me dirige los pies.
Es el norte de un bosque increíble que tengo el placer de habitar.
Amar la vida porque, mires donde mires, siempre la hay.

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