Ese instante de silencio sepulcral,
que mata más que vive.
Esas palabras que nunca se dijeron
porque rompían vajillas enteras
que nunca nadie usaba.
Tantas líneas paralelas contando
la misma historia en diferentes idiomas
y aquí nadie sabe realmente
qué es lo que se cuenta, y qué lo que no vale.
Queda grande si una no sabe
que al otro lado tan sólo hay un espejo.
Incomoda porque vemos sombras.
Remueve porque, entre bastidores,
el humor sólo lo entienden los actores.
Y si no hay risa, ni ganas que la procuren,
la gente se asusta.
Y yo me sorprendo observando
casillas vacías y estantes llenos de polvo
que no me resuelven la vida.
Ni falta que me importa.
Pero me sorprende.
¿Qué quieres que te diga?
Volver del infierno no es ningún cuento de hadas.
Conservo intacto mi amor.
Pero ya no está disponible por fascículos
en el quiosco de la esquina.
Me salió muy caro regalar tanto capítulo
para acabar envolviendo platos en una mudanza.
Conformarme con los restos acabó por decantarme y ya no me quedan bien las mismas telas.
Lo que siempre quise y lo que quiero ahora
sólo diverge en otras miradas.
La mía, aunque cansada, sólo acampa en pausa y paz.
Que bastante tuve ya por el camino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario