martes, 14 de abril de 2026

Mi bandera

 Intenté curar los destrozos 

de la vida

con jirones de alma

que fui arrancándome sin pestañear.

Y si dolía, me consolaba que al otro lado

había alivio.

Logré sonrisas y lágrimas 

en cuerpos que nunca fueron míos.

Crucé océanos enteros

buscando una señal en el cielo

que me confirmara que todo iba bien.

Mi pobre Majesty. Mi GRAN Majesty.

De verdad que luché con todas mis fuerzas

porque aquel timón girara en la dirección correcta...

Pero, ¿qué iba a saber yo, si jugaba

con manos y pies atados?

La niebla que me llevaba a la deriva 

conseguía que aquellos golpes 

no se notaran tanto, aunque dolían igual.

O más. Tal vez más.

No sé cuánto hace del último bastión,

tampoco me importa.

Mi última bandera ondea con cierta sobriedad, pero ya no hay viento

que la rasgue.

Después de todo, mi amor siempre fue real.

Aunque no sirviera, aunque se quedara a medio gas... Aunque jodiera más que arreglara... Mi motivo, mi único motivo, siempre fue amar.

Amar bien.

Y eso que no me salen las cuentas...

Pero hay algo inmenso que ya no se va.

Y aunque me haya dejado la vida entera,

aunque por momentos sólo quiera morirme y que acabe ya...

Esa capacidad de amar... Ésa es mi bandera.

Ese "tanto amor" del que siempre me voy a quejar es lo que me mantiene viva.

No hay más.

No hay perdices ni rosas rojas ni una conclusión a la que llegar.

Yo, finalmente, he podido varar en esa calita 

lejana, sin ruido de más... Aunque sólo venga de madrugada, aunque sólo yo quiera estar...

He llegado.

Y ya no sé qué más porque no espero más nada de donde yo no sé encontrar.

Y ésas son mis palabras.

Lo que ahora sólo puedo habitar

sin que nada me nuble el sentido y la sensibilidad.

No sé si llegué entera.

Y no me importa.

No tengo más nada que buscar.



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