viernes, 3 de abril de 2026

Nadie me vio

 

Ojalá supiese cuál es el camino correcto

en el que todo lo que me había contado

deja de doler y de pincharme el corazón.


Lo lucho cada instante.

Coordenadas cruzadas que comprendo

con una claridad que, por momentos,

aterroriza al más valiente.


Yo no sé cómo he llegado viva hasta aquí

cuando sólo tenía ganas y fuerzas

de apagar la luz para siempre.

Por lo menos, aquí.


Ya me dejé morir en cientos de ocasiones

y me trajeron de vuelta,

con más carga en la espalda

y más heridas en las rodillas.


Ahora, ese morir

es un llanto ahogado entre el pecho y la garganta

que me grita que no es justo;

que no me merezco esta escalera rota

de tiempos pasados y presentes;

que el futuro no me resuelve las cuentas.


Resurjo de un infierno que ni sé nombrar,

más sola y más conmigo,

con lo exigente que se me ha puesto el corazón.


Quienes me rodean

reaccionan a mi quietud externa

con respeto, con cierta preocupación.

Otros usan la información para dañarme

y dejarme por los suelos

con golpes bajos que no son reales.


Ya puedo ver sin nubarrones

lo que tanto me ha costado.

Estoy muy cansada

—eso no era lo normal en mí—.


No discuto por falta de razón (no la quiero);

callo, respiro y suelto.

Pero dentro, el cuerpo dice “esto no”

y yo le pido tregua:


déjame salir de aquí,

respirar un aire distinto,

dormir sola en una cama que sienta mía.


Permíteme atravesar estas ruinas

sin perder la cordura

ni la poca ilusión que me viste.


Y, aunque casi sin ropa,

despojada de lo que fue mi bandera,

sólo me quedo yo.


No sé si al final recuperaré la luz.

Regalé tanta; me arrancaron sonrisas.

Me cuesta galaxias no dejarme llevar

por la idea de que todo sale mal,

porque así salió siempre.


Hay fantasmas que se esconden,

sátiros que tolero por mero tránsito…


Y yo, tan cansada,

no quiero nada que no sea amor.

Y ese amor está caro.


Al parecer, no me gané el golden ticket.

Y, como yo siento el amor,

ése es el coste mayor:

nadie lo supo nunca.


Nunca.

Porque nadie —repito—

nadie me vio.



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