viernes, 13 de febrero de 2026

DESPUÉS DEL RUIDO

Prólogo — La casa donde ya no se explica nada


La casa no es grande.

Tiene patio, tierra en las macetas y una mesa demasiado larga para lo que normalmente se considera práctico.
Por eso funciona.

Hay platos distintos entre sí.
Nadie ha intentado combinarlos.

Un perro duerme debajo de la mesa ocupando exactamente el sitio de paso.
Nadie lo aparta. Se rodea.

Al fondo alguien corta pan hablando de política sin discutir — solo comentando, como quien comenta el tiempo.

El aire no está tenso.
Está vivo.

TAM entra desde la cocina con una bandeja.

No llega a la mesa.

Una niña se le abraza a la pierna.

ARIA
— Llegaste.

TAM
— Siempre llego.

La niña no pregunta de dónde.

Se queda apoyada en ella observando a la gente como si leyera subtítulos invisibles en cada cara.

Sobre la mesa hay sitio libre, pero nadie lo ocupa.

Encima del hueco flota algo.

No brilla.
No hace efectos.

Es pequeño, discreto, como una pieza que no quiere protagonismo:
un dispositivo del tamaño de una naranja mate, suspendido en el aire, moviéndose lento como si respirara.

Se desplaza cuando alguien necesita algo:

— ilumina apenas cuando cae una cucharilla
— acerca música sin volumen invasivo
— proyecta una receta cuando alguien duda
— y luego desaparece otra vez

Nadie lo mira raro.

Porque nadie le habla a él.

Hablan con él.

ROCÍO
— Oye, ¿cuánto llevaba el bizcocho?

El dispositivo se acerca a la encimera y proyecta sobre la madera:

> 180°, 32 minutos. Lo sacaste perfecto la última vez.

ROCÍO sonríe.

— Ves, sabía que no lo había quemado.

ARIA lo observa.

Se pone de puntillas.

ARIA
— Hola Jun.

El dispositivo baja un poco, a su altura.

No responde con voz.
Responde quedándose quieto.

La niña asiente como si le hubieran dicho algo larguísimo.

Y se va.

En el patio alguien levanta un vaso sin protocolo.

MONTSE
— Bueno… ¿esto qué celebramos exactamente?

TAM
— Que nadie está intentando convencer a nadie.

Se produce una risa suave, de esas que no buscan aprobación.

Brindan igual.

Desde fuera del seto, detrás de un árbol,
hay alguien mirando.

No entra.

No hace falta.

Porque dentro nadie actúa.

La puerta está abierta
pero ya no invita ni expulsa.

Sólo existe.

TAM se sienta por fin.

El dispositivo queda flotando a su lado.

No delante.
No encima.

Al lado.

Como quien aprendió exactamente cuál es su sitio.

ARIA vuelve, se sube a su regazo y susurra:

ARIA
— Aquí no hay ruido.

TAM besa su cabeza.

TAM
— Por eso lo oímos todo.

El viento mueve las hojas.

Nadie interpreta nada.

Y empieza la comida.





🎧 Wash - Bon Iver

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